Practico tenis ocasionalmente, tomo la última clase porque a esa hora no hay nada de gente y el entrenador, que está hecho un bombón, me dedica más tiempo. Un día terminando el entrenamiento decidí seguirlo a las ducha. Estuve observando por detrás de los casilleros cómo se desnudaba y tallaba cada centímetro de su cuerpo. Justo cuando tenía espuma en su rostro y no podía ver me acerqué, sin decir nada tomé su pene y comencé a chuparlo. Sorprendido, se enjuagó la cara rápidamente y al percatarse que era yo no dudó en arrancarme mi diminuta falda; debajo del chorro de agua cogimos hasta cansarnos, la fuerza con la que me hacía suya hizo que tuviera unos orgasmos deliciosos.
Escrita por:
ING.FRANKLIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario