Luego de quejarme varias veces con mi novio de que siempre cogíamos en las mismas posiciones, en el mismo ambiente y hasta durábamos el mismo tiempo, cambió radicalmente su actitud. Un día me dio una sorpresa: me vendó los ojos, me esposó y ató a una cama. Al principio sentí miedo, pensé que a lo mejor era una broma de mal gusto o que se había vuelto loco, pero nada de eso: decidió consentirme de tal manera que no dejó que hiciera nada, sólo relajarme y disfrutar sus apasionadas lamidas y fuertes estocadas. Sentía que mi sangre hervía y que en cualquier momento explotaría hasta arrancarme las esposas para comerlo a besos.y tener unos de mis mejores orgasmo.que vien hecha somo als mujeres ...
Escrita por ING.FRANKLIN
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